Ese lado de Corrientes (Marcelo Birmajer)

El Gañán se enamoró locamente, y dejó el resto de su vida. Ya no dilapidábamos las madrugadas.

“Ese lado de Corrientes”, relato de Marcelo Birmajer. Ilustración: Hugo Horita

Si alguien me preguntara hoy qué buscaba yo en la avenida Corrientes, entre el Obelisco y Callao, todas las noches, a la salida del diario, no sabría qué contestar. Entonces tampoco. Pero no era el único, aunque eso nunca es una excusa. Formaba parte de una bohemia inocua: un restaurant parrilla, las librerías, una ginebra, el café sin culpa del insomne. Más me hubiera valido hacer gimnasia.

No tenía teléfono. La avenida Corrientes era muy parecida a la que hoy conocemos. A veces incluso la gente es la misma. Yo tenía un amigo de fuera del diario: el Gañán. No sé quién ni cómo ni por qué le había puesto el apodo, pero yo había escuchado muchas veces la palabra en canciones de Paco Ibáñez o en las ediciones españolas de las fábulas de Samaniego.

Lo indiscutible es que el Gañán tenía un éxito fenomenal con las mujeres. La gran mayoría se enamoraba, y a otras tantas les bastaba con frecuentarlo. Pero no creo haber conocido a ninguna que le haya dicho que no. En rigor, muchas se le insinuaban sin sutilezas.

El Gañán trabajaba en una revista de chismes y tenía una prosa austera e impecable. Sabía de historia y de filosofía: conocía los entresijos e internas del régimen militar, durante y después. Alguna vez me comentó que preparaba un libro sobre el tema, pero nunca me lo dejó siquiera hojear. No sé si realmente alguna vez existió el manuscrito. No hablábamos de chismes en nuestras conversaciones hasta el amanecer: podía recitar a Byron, en inglés, de memoria, pero yo no podía entenderlo. Era anglófilo y gourmet. El tendal de corazones rotos que iba dejando a su paso no era su intención: nunca tuvo vocación de galán, las chicas le exigían un momento o una vida.

Yo sumaba mis fábulas y cuentos breves en mi máquina de escribir. Por algún motivo, del mismo modo que no hablábamos de su trabajo, tampoco le pasé mis cuentos. Hasta las 12 de la noche, aproximadamente, yo cenaba con mis amigos, Pablo De Santis y Polo: salíamos de Bartolomé Mitre y Esmeralda, y caminábamos hasta el restaurant parrilla de Corrientes y Uruguay. Pedíamos siempre entraña, y ensalada de radicheta, antes de que se inventara la rúcula; luego cada cual seguía su camino. Era de regreso a mi pequeño departamento cuando, ocasionalmente, nos cruzábamos con el Gañán y elegíamos La Giralda para despuntar un chocolate caliente con coñac, y café, hasta que se hiciera de día.

Una de esas noches interminables me habló de una relación inesperadamente seria con una modelo llamada Lupe. Se había enamorado, el Gañán, y le había ofrecido convivir. Pero a Lupe le parecía que el departamento del Gañán era demasiado modesto para su carrera, y contraofertó vivir en el piso de abajo del edificio de sus padres, mucho mejor puesto, vacante y gratuito. El Gañán hubiera preferido vivir en el infierno antes que debajo de sus suegros, y aparentemente por eso sobrevino la ruptura.

Le costó a olvidar a Lupe, pero muy pronto apareció en su vida Jitana, erróneamente apodada o llamada La Gitana. Su aspecto era mediterráneo: morena, de ojos violetas y labios porosos; no había modo de que pasara desapercibida en la avenida Corrientes, musa de poetas sin destino y tesoro escondido de los piratas del asfalto noctámbulo. Jitana era el nombre original. Silueta del cine italiano que proyectaban en el Arte: las poleras y el invierno la potenciaban. Jitana aceptaba pernoctar noche sí, noche no, en el departamento de el Gañán, y ella misma vivía en lo de dos tías distintas: el padre estaba preso, y la madre perdida.

El Gañán se enamoró locamente, y dejó el resto de su vida. Ya no dilapidábamos las madrugadas ni intercambiábamos nuestras perspectivas sobre la absoluta carencia de sentido de todo en general. El Gañán y Jitana, como antes por su cuenta, ahora trajinaban juntos la avenida Corrientes. No se despegaban. Se los veía en la pizzería, en el bar El Foro, en el teatro San Martín, en el Politeama, en las librerías. Muy inusualmente, cuando me cortaban el pelo, o si la revista estaba en un bar, yo leía sus notas de chismes, siempre pulcras, como del siglo de oro español, tan bien escritas. Pero nunca me la hubiera comprado, y finalmente perdimos contacto.

Hasta que una tarde, en un horario en que ninguno de los dos se dejaba ver por Corrientes, increíblemente coincidimos y lo descubrí demacrado, devastado, envejecido. No teníamos 23 años; quizás, el Gañán, 25. Jitana lo había dejado. Las circunstancias se parecían a lo que sigue: una mañana recién despiertos, el Gañán y Jitana, en el departamento del primero, apareció subrepticiamente Lupe, con su propia llave, besó impetuosamente a Gañán, y manifestó, mientras Jitana salía del baño, que se quería ir a vivir con él, ahora sí, en ese mismo departamento, sin los suegros.

¿De dónde había sacado Lupe la llave? ¿Por qué entró sin golpear? (el timbre nunca había funcionado; en mi departamento tampoco). Llamar era imposible, porque tampoco el Gañán tenía teléfono. Las dos se habían marchado furibundas: pero Lupe dispuesta a “perdonar”, y Jitana para nunca más volver. Como tanto el Gañán como Jitana eran personajes célebres de la avenida Corrientes, y no pensaban abandonarla, decidieron repartirla: el Gañán podría caminar desde Pueyrredón hasta Callao; Jitana desde Montevideo hasta el Luna Park. Pero ninguno de los dos podría volver a cruzar el muro invisible: era el único modo de no morir viendo al otro rehacer su vida.

En plena guerra fría, claro, aquello parecía las dos Alemanias, y ninguno de nosotros imaginaba que la Oriental no duraría ni tres años más. Retomamos nuestra amistad -nunca con la misma espontaneidad previa-, y cuando llegábamos a la calle Montevideo, el Gañán se regresaba y yo seguía. Más de una vez me la crucé a Jitana y bajé la vista, para no ver qué hacía ni con quién. Por un lado me entristecía la circunstancia de que el Gañán ya no pudiera llegar al Obelisco, por otro me causaba una gracia inexplicable. Pero era, a su manera, una división de bienes.

Una mañana inverosímil leí en el diario, en el mismo diario en el que yo trabajaba, que Jitana había sido asesinada: por el padre recién salido de la cárcel. Cerré el ejemplar con furia y pregunté en voz alta quién había escrito esa estupidez. Pero era cierto. Esa locura inenarrable era cierta. Sin pensarlo me lancé a la redacción de la revista de chismes donde trabajaba el Gañán, a quince cuadras; pero él llegaba mucho más tarde. Lo esperé en vano durante horas, y tampoco logré encontrarlo por la noche. Por Corrientes no pasó. Un mes más tarde me llamó a la redacción desde España. Había sido el único modo de soportar el desastre. Viviría en lo de un tío -igual que había vivido Jitana aquí-, hasta recuperarse, si es que alguna vez se recuperaba, y luego vería.

También el Gañán murió, muchos años después, de un aneurisma, solo, en Vilanova de Bellpuig, en Cataluña. Pero una tarde fría y lluviosa de junio, poco antes del año 2000, se apareció abruptamente en la puerta de mi casa, ahora que yo ya tenía teléfono, celular, portero eléctrico y timbre. Y sin decir agua va, me invitó a caminar por Corrientes. Cuando llegamos a Montevideo, se detuvo en seco y me advirtió, pálido: “No, no, de ese lado yo no puedo”. Quise decirle algo, pero se me quebró la voz. “Muchas veces pienso que fue la mujer de mi vida, confesó el Gañán, y que alguna vez, del otro lado de Corrientes, me la voy a encontrar. Pero no puedo cruzar”.

Por Marcelo Birmajer. “Ese lado de Corrientes”. 14/06/2019. En: Se me hace Cuento – Clarín.com / Espectáculos

Estampas de Buenos Aires. Blog de Carlos Szwarcer

Buenos Aires te quiero (Pilar Sala)

Por Carlos Szwarcer

“Buenos Aires te quiero”.

Una de las obras de arte naif de Pilar Sala.

Pilar Sala, nació en Buenos Aires, Argentina. Es Licenciada en Ciencias Políticas egresada de la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y la pintura fue un regalo de la vida. Su inclinación nació por casualidad y la magia la premió desde un principio. No tiene ninguna escuela pictórica. Es autodidacta. No sigue la línea de ningún otro naif. No retrata la realidad, sino que recrea situaciones reales con imágenes totalmente subrealistas producto de su fantasía.

“Buenos Aires te quiero” (Pilar Sala)

Fuente:

http://www.artenaif.com/criticas.htm
https://www.cayomecenas.net/mecenas1204.htm

Estampas de Buenos Aires. Blog de Carlos Szwarcer

Domingo para disfrutar y no morir en el intento

Por Carlos Szwarcer

¡¡¡QUE DÍA HERMOSO!!! UN DOMINGO PARA DISFRUTAR !!!

¡OJO, QUE NADIE TE LO INTENTE ARRUINAR!

Quino

Estampas de Buenos Aires. Blog de Carlos Szwarcer

Historia de la colectividad armenia en Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

Gran parte de las instituciones de la colectividad armenia se instalaron en el barrio porteño de Palermo. Por eso, a esa zona hoy se la conoce como “Palermian”, una mixtura entre el nombre del barrio y la terminación “ian” de los apellidos armenios, que significa “hijo de…”. Los armenios no sólo aportaron a la ciudad su cultura, sino también su trabajo de memoria sobre el Genocidio Armenio (1915-1923).

Los orígenes de la colectividad armenia se remontan a las dos primeras décadas del siglo XX, cuando arribaron al país numerosas familias que huían del genocidio perpetrado por el Imperio Otomano.

Como sucede con muchas otras comunidades, resulta complejo establecer un número preciso de inmigrantes armenios, ya que al ingresar al país las autoridades locales no consideraban el lugar de nacimiento, sino el de procedencia. De este modo, muchos figuraron como provenientes de Grecia, Siria o Líbano, países en los que se habían refugiado del asedio turco. A otros, incluso, se los anotaba directamente como inmigrantes del Imperio Otomano. Aún así, sabemos que, de acuerdo con el censo de 1936, los armenios representaban ese año el 0,12 por ciento de la población total de la Ciudad de Buenos Aires. Según un relevamiento publicado por el diario Armenia en 1942, para ese entonces su número había crecido a 18.700, incluyendo a los asentados en la ciudad y sus alrededores.

A partir de la segunda posguerra, llegaron nuevas olas migratorias que se vieron reforzadas más tarde, tras la ruptura de la Unión Soviética en 1991. Se calcula que, en la actualidad, sumando a los descendientes de las primeras generaciones y a los llegados más recientemente, la colectividad cuenta con alrededor de 40 mil personas, aunque otras versiones hablan de más de 100 mil. La gran mayoría (un 80 por ciento) está radicada en la Ciudad de Buenos Aires y en algunos partidos del área metropolitana, especialmente en la zona de Valentín Alsina. También existe una colectividad numerosa radicada en Córdoba.

Fuente: https://baxcolectividades.buenosaires.gob.ar/

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El dólar está cabrero. La milonga del destino.

Por Carlos Szwarcer

En plena crisis económica pre-electoral, por estos días de octubre de 2019, los medios de comunicación comentan que el dólar sigue subiendo.

¿Qué pensar…? ¡Qué 80 años no son nada! El 16 de marzo de 1939, los periódicos titulaban con letras catástrofe sobre las dificultades económicas en argentina y a nivel internacional. La permanente repercusión de la actualidad en la Revista Porteña hizo, en aquel momento, que el debut de la nueva temporada en el teatro Maipo tuviera un nombre bastante sugestivo si lo relacionamos con el presente: “¡EL DOLAR ESTÁ CABRERO!”.

La Negra Sofía Bozán, encabezaba la Cía. Argentina de Grandes Revistas estrenando, de Botta y Montoni, “La milonga del destino”. El elenco que la acompañaba era de maravillas: Severo Fernández, Marcos Caplán, Carlos Ramírez, Alicia Vignoli, Alicia Barrie, Aída Ollivier, Gladys Rizza, Margarita Corbani, Dringue Farías, Lalo Malcolm, Roberto Blanco, Las Maipo Girls, Los Maipo Boys. Música: Bernardino Teres. Coreografía: Eladio Alonso.

El Diario El Mundo del 18 de marzo informaba sobre el estreno y el título de la obra: “Inicióse la Temporada de Revistas del teatro Maipo”. Y comenta el cronista: “Por los que a los cuadros de letra se refiere, su ´leit motiv ´ surge del mismo título… en ´El dólar está cabrero´.

¡Sí…, leyó bien! Esta noticia económica y artística corresponde a un periódico de 80 años atrás… ¿A qué jugamos Sr. Tiempo? La historia nunca se repite tal cual, pero que hay sucesos similares que cíclicamente reaparecen…es innegable.

Carlos Szwarcer © 2019.
Buenos Aires, octubre de 2019.

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El Castillo de Sandro (barrio de Boedo), declarado Sitio de Interés Cultural

Por Carlos Szwarcer

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró Sitio de Interés Cultural a “El Castillo de Sandro”. Se encuentra en la avenida Pavón N° 3.939, casi esquina Virrey Liniers – Comuna 3, donde se colocará una placa de bronce, según dispuso una resolución aprobada por despacho de la Comisión de Cultura.

“El Castillo de Sandro”. Avenida Pavón N° 3.939. (Google Map)

Se cuenta que una noche de luna llena en 1979, la casa de Pavón 3939 le encantó a Sandro y se enamoraría del lugar. Compró la casona y levantó allí un castillo, que diseñó personalmente.

Cuarenta años después, el “Castillo de Sandro” como se lo conoce popularmente y declarado sitio de interés cultural, es un edificio de 850 m2 cubiertos desarrollado en dos plantas, con desniveles y vitraux y rematado con una torre almenada y aberturas ojivales, una mezcla de estilos moriscos y españoles que le dan el aspecto de castillo.

Sandro Sandro, en uno de sus shows en el teatro Gran Rex
 Fuente – crédito: Veronica Mastrosimone

Funciona un bar temático en torno a la figura del excepcional cantante y se han especializado en la cata de vinos y el tapeo. La idea de dedicado a Sandro fue de Pablo Ferraudi, el hijo de su viuda, Olga Garaventa. En ese castillo, según ha contado Ferraudi, nació el amor entre su madre y “el Gitano” Sandro.

Pablo Ferraudi, hijo de Olga Garaventa, y responsable del bar temático del “Castillo de Sandro”
 Fuente: LA NACION – Crédito: Sebastián Pani

El “Castillo de Sandro” fue la sede discográfica del cantante, espacio de ensayos y albergó su oficina personal y la de su representante, Aldo Aresi. En 2003, Sandro la disfrutó por última vez cuando ensayó y grabó “El hombre de la rosa”. Sus problemas de salud -le habían diagnosticado un enfisema pulmonar en 1998- lo obligaron lentamente a salir del show, pasar largo tiempo internado hasta morir en Mendoza, el 4 de enero de 2010, tras un complejo trasplante bipulmonar.

Una pequeña parte de su extenso legado musical que incluye 52 discos, más de ocho millones de copias y 16 películas, puede verse en el “castillo”, entre ellos, algunos de sus instrumentos musicales.

Fuente:

https://www.diariodecultura.com.ar EDICIÓN NÚMERO 3650/ https://www.lanacion.com.ar (María Elena Polack)

Imágenes: https://www.diariodecultura.com.ar / https://www.lanacion.com.ar (informadas en las fotos pertinentes)

Estampas de Buenos Aires. Blog de Carlos Szwarcer

Biblioteca Esteban Echeverría (Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires)

Por Carlos Szwarcer

Desde el momento de su creación -en 1884- sus servicios están orientados a respaldar la labor parlamentaria que desarrollan los legisladores porteños. Asimismo sus salas de consulta y referencia se encuentran abiertas hacia la comunidad, lo que confiere a este centro de documentación su doble perfil de Biblioteca Pública y Biblioteca Legislativa.

Más de 36 mil ejemplares constituyen su acervo, entre los que se destacan las colecciones jurídicas (Fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las Revistas Jurídicas “La Ley”, “El Derecho” y “Jurisprudencia Argentina”, códigos nacionales comentados y diversos manuales de derecho), diferentes compilaciones de carácter legislativo (Anales de Legislación Argentina, Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires, Versiones Taquigráficas del Concejo Deliberante de la Ciudad de Bs. As., Boletín Oficial de la Nación Argentina y Diarios de Sesiones de la Cámara de Diputados y Cámara de Senadores de la Nación) y textos referentes al derecho parlamentario y la técnica legislativa.

Asimismo este espacio cultural posee una importante colección de textos de interés histórico, político y filosófico, y una importante variedad de volúmenes que tratan sobre la Ciudad de Buenos Aires, desde sus orígenes hasta la actualidad, repasando su desarrollo urbanístico, demográfico, institucional y la historia de los barrios que la constituyen.

La biblioteca Esteban Echeverría, ubicada dentro de la Legislatura, brinda servicios de asesoramiento y búsqueda a cualquier investigador o estudiante. Si bien el préstamo es sólo para autoridades y personal, cualquier persona puede retirar alguno de los más de 36 mil ejemplares que duermen en el lugar para leerlos allí. A su vez, la biblioteca cuenta con la parte “Tesoro”, donde se guardan los ejemplares más antiguos, sólo disponibles para los investigadores. Allí hay folletos, libros y revistas del siglo XIX y XVIII, y actas del Cabildo de Buenos Aires.

Se creó un archivo documental del peronismo que busca redescubrir lo que sucedió con la figura de Eva Perón y Juan Domingo Perón, porque aquí funcionó la Fundación Eva Perón y también la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, del ’43 al ’55. El edificio es un Monumento Histórico Nacional. Toda persona que quiera ingresar lo puede hacer y visitar sin previo aviso cualquier espacio abierto, como los espacios expositivos, el museo (de 10 a 19), la biblioteca y hemeroteca (de 10 a 20). También se ofrecen visitas guiadas (de 9 a 18.30, excepto los jueves). Los servicios son públicos y gratuitos.

La Biblioteca se encuentra abierta al público
de lunes a viernes de 10 a 20 Hs.
Perú 160 Piso Principal
Teléfono 4338-3170
biblioteca@legislatura.gov.ar

Fuente:
http://www.biblioteca.gob.ar/BibliotecaEE.aspx
https://www.clarin.com/ fecha 04/10/2019