Tango en Pandemia. ¿Dónde estás Buenos Aires?

Por Carlos Szwarcer

La Pandemia -entre tantas otras cosas- motiva e inspira para crear, por ejemplo, este bello tango con una letra que pinta a la ciudad desde el lugar de la nostalgia por la vida y el ritmo de una urbe que hoy parece suspendida en el tiempo. Mientras, apenas podemos divisar sus calles casi vacías o la siluetas de sus edificios desde un balcón, nos alienta la esperanza de retornar “en algún momento”, sin condicionamientos,  a la Buenos Aires que amamos.

DÓNDE ESTÁS BUENOS AIRES
Letra: Claudio “Coty” Serfilippo
Música: Cecilia Giménez – Luca Laurito

¿Dónde estás Buenos Aires, dónde estás?

Dónde está Buenos Aires, no te reconozco.
De nuestro balcón veo la esquina, el cordón,
pero no estás, pero no estás.
¿Qué pasa Buenos Aires?,
no hubiera habido así… ningún tango de Troilo,
Manzi, Discepolín, ya lo creo que no, creo que no.
El cielo está más lindo, florecen los jazmines,
volvieron las mariposas,
sin embargo, hay esquinas sin besos,
veredas sin abrazos.
¿Los secretos de la noche dónde están?
¡Brillen estrellas…! Triste, triste Buenos Aires,
el amor encerrado en cemento,
los pibes en las plazas y en los parques no están.
El cariño es un aplauso que viene desde arriba.
No te preocupes Buenos Aires,
vos sin nosotros no sos nadie, no sos nada,

volveremos cuando pase la plaga,

cuando pasen las ausencias…
volverás a brillar.

Recitado:
Te diste cuenta Buenos Aires cuántos edificios,
plazas, parques, monumentos. No son nada,
espectros fantasmagóricos.
Buenos Aires, te digo un secreto:
Buenos Aires somos nosotros,
los que te caminamos, los que te embellecemos,
los que hacemos arte, los que laburamos,
los que gastamos zapatos,
los que llenamos bares, teatros,
los tangos no hubieran existido si no fueras así.

Vas a volver a ser, solo es cuestión de tiempo,
vas a volver a ver un poco más de ausencias.

Te quiero Buenos Aires, vas a volver a ser.
Sos la Reina del Plata, y volverás a ser,
te quiero Buenos Aires, vas a volver a ver,
un poco más de tiempo, vas a volver a ser,
te quiero Buenos Aires…Buenos Aires.

Imagen: https://destinosahora.com/

Estampas de Buenos Aires. Blog de Carlos Szwarcer

La ventana

Por Carlos Szwarcer

“Vio transcurrir desde la ventana las horas, los días, los años. Los pibes que hubiera jurado que hacía un rato jugaban a la pelota en la vereda ya se habían casado. Fue perdiendo la vista, el oído y los pocos restos de energía. Enmarañada la conciencia, amotinados sus reflejos, fue alejándose de la realidad. El presente y el pasado se le mezclaron y fueron partes de una misma dimensión”.

(Fragmento de “Leche de Cabra”. Carlos Szwarcer. “Los Muestros” Nº 61. Diciembre de 2005. Bruselas. Bélgica.)

Imagen: https://es.dreamstime.com

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Una fotografía: Chela y Simba más allá del tiempo.

Por Carlos Szwarcer

¡Sabía, sabía que años después evocaría esa escena del comedor! Tomé la máquina de fotos sin hace ruido, me ubiqué cerca de la puerta de entrada, esperé unos segundos y disparé el obturador de la cámara. Tuve la absoluta convicción de que años después volvería a ese instante que juzgué ideal para detenerlo en el tiempo, preservarlo, de algún modo… eternizarlo. 

Pasaron más de veinte años, ya no vivo en ese departamento, y mi querida y entrañable Chela –mi suegra- y Simba, nuestro primer gato, ya no están, o tal vez se encuentren en alguna otra dimensión. Sin embargo, hoy volví a aquel momento sublime al hurgar uno de los álbumes familiares y encontrar esa “perlita”. 

Hago propicia la temática para presentar aquí la fotografía aludida del ámbito familiar y que siempre que la miro me provoca una multiplicidad de sensaciones absolutamente intransferibles.

Chela y Simba. (Archivo CS). Derechos reservados.

Por suerte desde muy joven tuve afición por la fotografía, esa manera ilusoria  de “atrapar al tiempo inasible”. Nunca intenté profundizar o estudiar esa técnica/arte profesionalmente, simplemente me quedó como un hobby muy arraigado, y me encanta volver a las imágenes en papel o a las digitales en la PC o el celular. Singularmente encierran un fragmento, un microsegundo del zumo de la vida.

Que la fotografía  sea una herramienta que logra congelar un momento preciso en una imagen, es extraordinario, me produce una sensación muy extraña observar fotos  después de un tiempo, sean  producto del proceso de revelado de una placa fotográfica o a través de las modernas técnicas de digitalización. En cualquier caso, delante de esas imágenes percibo la fascinante  emoción de abrir una ventana y acceder al mundo del ayer, que en rigor ya no existe pero que revivimos al observarlas.

En ellas se anida lo efímero, se resguarda la fugacidad de un momento único que representa la memoria de otro presente. En ese vínculo con el pasado, la imagen es tan concreta como eternamente subjetiva, condicionada por la mirada desde otro contexto temporal. Aún así, destacando otra perspectiva, no importa cuantos días o años hayan pasado, el instante capturado contiene algo esencial de la vida que fue y, sugestivamente, aparece cierta energía generada por nuestra mirada al conectarnos con ese instante que en realidad ya no existe pero que potencia los sentidos a modo de “disparador” de un cúmulo de sensaciones.

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Día ochenta de Cuarentena. Entre musas, gatos y cavilaciones.

Por Carlos Szwarcer

Una página en blanco ofrece un gran abanico de posibilidades. La palabra escrita es uno de los medios de expresarse y revelar desde nuestra interioridad una visión del pasado, del presente, y del porvenir; con ella se inicia un itinerario que atraviesa realidades, sueños, fantasías, o todo a la vez, según el objetivo y el género literario elegido. Los escritores no siempre comienzan con una idea clara a desarrollar, y puede que se instalen frente a la hoja de papel, o la PC, justo cuando las divinas “musas andan de vacaciones”, como lamentara Serrat en una de sus famosas canciones.

Las inefables musas, afirmaban los griegos, intermediarias entre los artistas y los dioses, de tanto en tanto puede que murmuren al oído sugiriendo palabras adecuadas, tramas, o secuencias que se entrelazan a través de los personajes que cobran vida e interactúan. No obstante, racionalmente, Freud y sus seguidores lo desmienten asegurando que las mencionadas “fuentes de inspiración” -en sí- no existen, que son parte de la mitología y, simplemente, en el ser humano se producen momentos de una fuerza inspiradora creativa, proceso que se encuentra en su propia psiquis interna.

Ahora bien, de una u otra forma, la cuestión es qué para aferrarse a la lucidez durante esta terrible Pandemia de Coronavirus (alias Covid19, o viceversa), en este abrupto cambio de estilo de vida, la búsqueda de inspiración amerita un importante desafío a la voluntad. Concentrarse y elegir un tema de cierto interés y profundidad requiere aún más energía, saber hacia donde vamos y remar contra viento y marea, pero si estamos por naufragar, es conveniente que las velas nos arrimen a una costa segura. En el contexto del “confinamiento”, inmersos en un vendaval permanente de noticias catastróficas sembradas de temores, se trastocan hábitos creativos adquiridos en años.

Las imágenes de los muertos todavía tibios que son ubicados de a miles en las frías estadísticas mundiales, representan “un gran sin sentido”, es como si el virus, tan imprevisto y letal, silencioso e invisible, invade y altera casi toda la dimensión espacio-tiempo, y desconcierta al mundo entero: prestigiosos científicos, políticos, periodistas, y hasta curanderos de cuarta categoría dicen y se contradicen permanentemente; hay más dudas que certezas con lo que acontece, entretanto crece la expectativa por encontrar la vacuna salvadora.

De tal manera, este período discurre entre los esfuerzos científicos para neutralizar el virus, y las noticias sobre medicamentos milagrosos que -sin suficientes pruebas- asombrosamente se difunden, utilizando el “miedo”, la “angustia”, y el “temor a la “muerte” para “hacer política”. Por supuesto que en este “tren fantasma” se sube al mismo vagón la antinomia entre los “a favor” y los “en contra” cuarentena, y los sempiternos personajes que sombríamente se aprovechan de las crisis para elucubrar de inmediato teorías conspiranoicas.  

¿Qué narrar de un mundo que sufre un shock epidemiológico, traumático, sincrónico y planetario? En pleno reino de la incertidumbre, las palabras de moda son “Coronavirus”, “Covid19”, “Testeos”, “Respiradores”, “Terapia Intensiva”, Pandemia”, “Cuarentena”, “Aislamiento Social”, “Distanciamiento Social”, “Confinamiento”, “Hipercrisis Económica Mundial”, etc. Nos encontramos Irremediablemente sumergidos en esta realidad tan cercana a libros y películas de ciencia ficción, donde el límite entre vigilia y pesadilla casi no existe. Creíamos que ciertas calamidades jamás nos pasarían, o en todo caso las ubicábamos en un futuro demasiado lejano,  casi merodeando el terreno de la entelequia.

Estimados lectoras y lectores de este texto, sin pretender dramatizar ni otorgarle al presente una densidad cuasi-apocalíptica, en verdad se advierte en el momento actual un amotinamiento impensado en lo que era nuestra normalidad cotidiana, extrañándose demasiadas cosas elementales, por ejemplo: el contacto con familiares, amigos, afectos, lugares, ritos urbanos, las callecitas de Buenos Aires…

Echo de menos mis horas al tope de adrenalina investigando en silenciosas y gélidas bibliotecas o hemerotecas descubriendo datos de interés, y mis lugares para dar rienda suelta a la reflexión e imaginación como los viajes en subte, colectivos o tren y, desde luego, cuando me instalaba cómodamente en algún bullicioso café-bar. Mi sereno y desordenado escritorio es otro de mis sitios de disfrute, se ha convertido en estos ochenta días de aislamiento en mi única alternativa: sentado con la computadora frente a mi ventanal, donde milagrosamente sobreviven en un par de macetas coloridos malvones y geranios. Ahora mismo, ni las plantas, ni la energía que me da la música que impulsan mis trances literarios, logran incentivarme lo suficiente en esta jornada. Si bien trato de no pensar cosa negativas, como la postergación de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires donde presentaba mi reciente obra, sigo ocupando mi mente en otros proyectos, he decidido no dejarme ganar por las circunstancias.

Mientras escribo estas líneas, es verdad que alivio de algún modo el peso de mi incómoda mochila cotidiana. En este camino de “atrapar vientos”, atraídos por la memoria emotiva, recorren en fila los “tejados del pasado” mis históricos gatos, compinches sigilosos, misteriosos, sentados sobre mis piernas, estirados arriba de papeles y carpetas, acostados en el mismísimo teclado de la computadora, o acomodados en algún libro del último anaquel de la biblioteca; me miran con sus bellos y enigmáticos ojos entornados auxiliando y custodiando mis derroteros literarios. No guardo reparo en reconocer que con estos sutiles felinos tengo una comunicación casi irracional, mágica, aunque muy real e intensa; acompañantes desinteresados y fascinantes, son símbolos de ternura, argucia y libertad: Simba, Bizcocho, León, Grace, Axl, Rowie o París, mis amados gatos según las épocas. Creo que en otro momento me ocuparé en detalle de ellos. ¡Los extraño! Decían los celtas que “los ojos de los gatos son las puertas que conducen hacia el reino de las hadas”.

Volviendo al “ahora”, y releyendo estas páginas, más allá de musas, felinos y perpetuos fantasmas internos que se convierten en peregrinos personajes de algún texto, advierto que escribí -casi sin darme cuenta- unas tres páginas. ¿Y, si pensándolo bien dejo el texto aquí, a modo de reflexión de un autor frente a su PC, navegando en medio de la tempestad de la Pandemia?

Sí, eso mismo. Que queden estos párrafos espontáneos de un día de disquisiciones en esta larga cuarentena. Lo comparto, tal vez alguien se sienta identificado. Es un fragmento del presente. No importan las circunstancias, el tema tarde o temprano aparece y, finalmente, me siento feliz de poder expresarlo. Decía Cortázar: “Lo que me gusta es escribir y cuando termino es como cuando uno se va dejando resbalar de lado después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay otras cosas que te golpean en la ventana, escribir es eso, abrirles los postigos y que entre”.

Mañana será otro día, el ochenta y uno de este confinamiento. Frente al reto de otra hoja en blanco habrá una nueva oportunidad de hilvanar pequeños retazos de vida. El mundo seguirá girando con su carrusel de noches y días, de soles y lunas, y volveré a narrar imprevistos aconteceres, verídicos o ficticios, propios o ajenos. “Había una vez…”.

Fuente imágenes

https://www.istockphoto.com

https://www.entrelineas.org

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Aníbal Troilo: San Pichuco

Por Carlos Szwarcer

Tenía unos diez junios en mi haber. El sol intenso del verano acariciaba apenas los adoquines, ese regalo de la naturaleza se lo debíamos a los viejos plátanos que daban sombra fresca a toda la cuadra. Los vecinos del inquilinato rumoreaban que el sábado vendría el gordo Aníbal Troilo, “Pichuco”(1), a visitar a su cuñada Dora, la hermana de Zita (2), esposa del bandoneonista. Recién comenzaba a aprender mis primeros acordes en la guitarra y la posible llegada del gran músico dio rienda suelta a mis fantásticos sueños de cantarle “La López Pereyra”, una antigua zamba que practicaba por entonces. Tanto deseaba ese encuentro que casi no pude “pegar el ojo” en las noches previas.

¡Y llegó el gran día! Recién despierto y después de remolonear un largo rato en la cama, casi al filo del mediodía, escuché los gritos de mi madre llamándonos para el almuerzo: “Fucciles con tucoro” (3) y “Refrescola” (4).

Pregunté ansioso, mientras terminaba de sacarme las lagañas de mi largo sueño sabatino: “¿sabés a qué hora llega Pichuco a lo de Dora?”.

-¿Troilo? Vino temprano. Ya se fue. ¿Por qué?, inquirió mi madre.

Aníbal Troilo (Pichuco). En su estampa clásica tocando su mágico bandoneón. Ojos cerrados y pura inspiración.

Casi me desmayo. Recuerdo mi imagen sombría reflejada en el espejo gastado del placard. Me di pena. Desconsolado, como si hubiese perdido la oportunidad de mi vida, hice un largo “puchero”, tragué la hiel de mi estúpida torpeza y por un momento, para que mi vieja no se diera cuenta, conseguí esconder la angustia a pesar del indomable lagrimón que se me había desbandado. Juré no dormirme para la próxima vez. Y enseguida pensé: ¿cuándo será la próxima vez…?

Lo volví a ver a Pichuco en un baile de Carnaval en el Centro Lucense. Lo miraba fijamente desde unos metros del escenario: sus mejillas inflamadas, su vaso de whisky, los cientos de gotitas de transpiración sobre su brillosa frente, los ojos cerrados, y sus dedos suaves y rítmicos acariciando el bandoneón. Un rato después, en el intervalo, junto a sus sobrinas, me encontré en los jardines del club tomado de la mano de ese inmenso artista. Enterado de mi vocación por la música – seguramente por la indiscreción de una de sus parientes- me preguntó sonriendo: “¿Así que vos tocás la guitarra y querías cantarme una canción…? “Recordámelo la próxima vez que pase por tu casa que te quiero escuchar.”

Yo le creí… Tanto le creí que a “La López Pereyra” la gasté de practicarla y practicarla, pero a Pichuco no lo volví a ver personalmente. Con el tiempo quedó en mí recuerdo ese chico y aquella noche de Carnaval…

Resuenan las notas de Aníbal Troilo todavía en mi interior, un sonido nostálgico y aterciopelado, como la cadencia de la vida que me evoca los años sesenta, un juvenil verano y el placer de haber recorrido aquellos jardines, cuando el mundo era otro, justamente, cuando yo comenzaba a buscar otros ídolos que los de mis padres y descubría, por ejemplo, entre tantos, a los cuatro de Liverpool.

Zambitas y chacareras, rítmicos fuelles rezongones y guitarras eléctricas, fueron arrimando al mismo altar, definitivamente, algunos santos de mi devoción. Y un día advertí que allí convivían Gardel con los Beatles, o que “Love me do” la tocaba “Ringo” con un bombo legüero. Además, en ese espacio intangible vuelvo a ver a “el gordo”, San Pichuco, que con su voz ronca me dice: “me debés aquella canción, pibe…”, y que cada tanto me repite ese antológico texto de “Nocturno a mi Barrio”, que sin pudor ya lo hice mío: “Alguien dijo una vez, que yo me fui de mi barrio. ¿Cuándo? … Pero… ¿cuándo? ¡Si siempre estoy llegando!”.

* Relato basado en hechos reales. Publicado originalmente por Carlos Szwarcer el 6 de Diciembre de 2011 en http://blogs.monografias.com/ Blog Estampas de Buenos Aires de Monografias.com

Notas:

1) Aníbal Troilo (alias Pichuco, El gordo). Extraordinario y relevante bandoneonista, compositor, y director de orquesta de tango. Nació el 11 de julio de 1914 en el barrio del Abasto, ciudad de Buenos Aires, y falleció el 18 de mayo de 1975 en el barrio de Almagro de la ciudad de Buenos Aires.

2) Zita: Hilda Karachi. Sefaradí de la isla de Rodas. Vivió en el barrio de Villa Crespo. Su hermana Dora vivía en la calle Padilla entre Acevedo y Malabia. Buenos Aires.

3) Fideos con tuco de tomate. La salsa bien rojiza era comercializada en pequeñas latas.

4) Jarabe. Mezclado con soda se obtenía una bebida refrescante.

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Coronavirus. Bares Notables de Buenos Aires con subsidio del Fondo Metropolitano de las Artes.

Por Carlos Szwarcer

Con el avance de la crisis económica, a partir de la aparición de una imprevista emergencia sanitaria mundial, el “Fondo Metropolitano de las Artes, la Cultura y las Ciencias” incluye a Bares y Cafés Notables de Buenos Aires en un subsidio por primera y única vez.

Uno de los rubros comerciales más golpeados por la cuarentena por la pandemia de coronavirus en la Ciudad de Buenos Aires es el sector gastronómico. Ante este contexto, el Ministerio de Cultura porteño abrió la convocatoria del Fondo Metropolitano de las Artes, la Cultura y las Ciencias con un apoyo económico extraordinario que apunta a acompañar y sostener el trabajo de los espacios culturales, de artistas y gestores culturales de la Ciudad, en el que se incluirá, por única vez, a los bares y cafés que son considerados Notables de la Ciudad. Desde el Ministerio explican que “teniendo en cuenta que no son ajenos a las consecuencias económicas de la cuarentena en el sector gastronómico, decidimos generar esta inclusión, por única vez, que servirá como apoyo a estos espacios que hacen al patrimonio vivo de la Ciudad”.

Bar “El Estaño”. La Boca (Ciudad de Buenos Aires)

Están distribuidos en distintos barrios y son parte del patrimonio cultural porteño. Están nucleados bajo la Ley 35/98 que crea la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables de la Ciudad.

La iniciativa nació de la Cámara de Bares por la situación que vivimos a raíz de la cuarentena. Decidimos mandarle un mail al ministro (Enrique) Avogadro en el cual le planteamos la situación. Hay que tener en cuenta que cuando cierra o se pierde algún bar Notable es muy difícil recuperar lo que representa, ya sea por lo que representan o por la identidad de Buenos Aires. Sabíamos de la existencia del Fondo Metropolitano de las Artes que, si bien no estaba abierto para los bares en general, pensamos que era oportuno sumarnos a raíz de este problema. Por suerte nos escucharon”, aseguró Felipe Evangelista, presidente de la Sub Comisión de Bares Notables de la Cámara de Cafés y Bares de la AHRCC.

Bar “El Gato Negro”. (Ciudad de Buenos Aires)

La convocatoria estará vigente hasta el próximo 18 de mayo y está destinada a tres líneas específicas de la movida cultural: Funcionamiento de Espacios Culturales cuyo objetivo será brindar un mayor apoyo y financiamiento para el pago de servicios y gastos de mantenimiento de espacios culturales registrados en la Ciudad. Su tope será de hasta 360 mil pesos. Creación que apunta a acompañar, promover y difundir la actividad de artistas y gestores culturales de la Ciudad. Está dirigido a todos los gestores, creadores culturales individuales que no poseen una institución. El tope será de hasta 100 mil pesos.

Formación y Capacitación, está orientado para quienes lleven adelante actividades vinculadas a la enseñanza, formación y capacitación artístico-cultural. El proyecto podrá contemplar financiamiento tanto para el dictado de talleres, programas y/o cursos de capacitación, entre otros; como para la capacitación y/o formación del solicitante. En este caso, el tope será de hasta 50 mil pesos. La inscripción al programa se hace a través de la página web de del Fondo Metropolitano.

“Los Bares Notables son parte esencial de nuestra cultura. Juegan un rol muy importante en la construcción de nuestra identidad colectiva. Entendemos que están atravesando un momento muy difícil a raíz del aislamiento obligatorio, al igual que todo el sector cultural, razón por la cual trabajamos en conjunto con ellos, dialogamos mucho para poder llegar a apoyarlos y generar esta herramienta con el fin de acompañarlos en este contexto tan particular”, comentó Enrique Avogadro, ministro de Cultura.

Fuente:

https://www.nueva-ciudad.com.ar (7-05-2020)

https://www.perfil.com (7-05-2020)

https://www.infobae.com (6-05-2020)

https://www.amepargentina.com.ar (15-05-2020)

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IMÁGENES DE DOS PANDEMIAS: LA GRIPE ESPAÑOLA (1918) y EL CORONAVIRUS (2020).

Por Carlos Szwarcer

Tanto el humor gráfico como la creatividad expuesta en una fotografía han sido siempre modos de expresión y difusión del acontecer. Aquí presentamos una caricatura del 2 de noviembre de 1918 publicada en la Revista Caras y Caretas de la ciudad de Buenos Aires, y otra imagen de una foto-montaje divulgada durante el presente año.

Respecto de la caricatura de hace poco más de un siglo, nos revela -desde una original doble intención humorística e informativa- un hombre vestido a la época con una serie de adminículos que desde lo satírico propala la gravedad de un momento crucial de la sociedad de comienzos del siglo XIX. Si se hojease rápidamente la revista en cuestión sin tener conocimiento de la fecha de su publicación, en principo el dibujo nos sugeriría algo así como una propaganda payasesca  de un circo. Sin embargo, si tenemos en cuenta el contexto histórico, abarca la Pandemia de Gripe Española, entonces la idea del autor nos refleja un trauma y un obvio escenario de cuidado y prevención frente a una alarma de características mundiales y excepcionales.

El personaje de la ilustración carga un conjunto de utensilios y aparatejos: su máscara le cubre sus ojos y boca, un tubo que protege su nariz con un “molino de viento” de juguete en su extremo. Sujeta un incensario “para fumigar” y un termómetro en su brazo izquierdo.

También los carteles que lleva colgados, sugestivamente, nos recuerdan a las prevenciones que se piden para nuestra actual Pandemia de Coronavirus: “Perdóneme que no le estreche la mano”, “Hábleme a la distancia”. Todo esto entre remedios cotidianos utilizados en aquellos tiempos: una botella del alcohol en su bolsillo, además quina, ruda, menta, alcanfor, canela fina o un papel matamoscas. Remata su indumentaria con  ventiladores y salva humedades en zapatos y suelas.

Este dibujo centenario publicado entre el humor y la cruda realidad de millones de muertos puede dejarnos reflexionando y , quizás,  nos provoque alguna mueca a medio camino de la sonrisa y el espanto

Ahora bien, pasando a la foto-montaje de caracterdesign/Getty Images/Vetta, divulgada en Internet en este año 2020 en plena Pandemia de CORONAVIRUS, recuerda en esencia a la mencionada caricatura de hace un siglo. Con pocos elementos, la simple imagen de un ser humano totalmente “sellado” para evitar el contagio y el globo terráqueo  sostenido por su brazo izquierdo, nos muestra la fragilidad y gravedad del momento que pasa la humanidad.  Un virus desconocido que ha llegado prácticamente a todos los países provocando miles de víctimas y con un pronóstico dramático de los científicos que asegura millones de muertos antes de que la Pandemia finalice.

A pesar de estos momentos trágicos para el planeta, entre encierros, cuarentenas,  terapias intensivas, respiradores, miedos y actos heroicos, nos conviene prepararnos para vivir con espíritu positivo, porque después de todo, la humanidad no desaparecerá, no es “el final de los tiempos”, y pensándolo bien -invadidos por un halo de optimismo que nos aleje del pánico o la depresión-, cuidándonos y respetando las normas para evitar el contagio, “todo pasará”,  y hasta es muy probable que sobrevivamos. Así que prevención y responsabilidad, por nosotros y por todos los demás. ¡Hasta la próxima nota!

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Visitantes a la Ciudad de Buenos Aires en 2018

Por Carlos Szwarcer

El número de viajeros que visitó la Ciudad de Buenos Aires durante 2018 fue cerca de 4.800.000. En cuanto al origen de los turistas internacionales, en 2018 los brasileños se ubicaron en el primer lugar con una participación del 26%, secundados por EE.UU. y Canadá con el 14%. El 53% de los turistas son personas que viven en alguna provincia y visitan la Ciudad, el 47% llega del exterior del país. El total mensual de habitaciones disponibles es de 755.000 aproximadamente.

En el año 2017 asistieron alrededor de 5.969.661 personas a distintas actividades culturales (funciones de teatro, cine, música, danza, murga, malabares, exposiciones, y otras), de enseñanza y visitas guiadas ofrecidas
por organismos del GCBA.

Fuente: Buenos Aires en números. Año 6. Nro 6. 2019

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Bares Notables reciben ayuda. Pagarán la mitad de Ingresos Brutos

Por Carlos Szwarcer

Para ayudar a salvaguardar los locales que tienen valor patrimonial, histórico y hasta sentimental, a partir de este año tendrán un beneficio que es un reclamo histórico del sector: pagarán una alícuota menor de Ingresos Brutos. Es que este mes entró en vigencia la ley Tarifaria porteña, que reduce el porcentaje que se percibe por ese impuesto del 3% al 1,5% para los cafés, bares, billares y confiterías declarados como notables en la Ciudad.

Fuente: https://www.clarin.com Fecha 15-01-2020

Imagen: https://www.daytours4u.com

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Preludio para el año 3001

Por Carlos Szwarcer

Preludio para el año 3001 (Astor Piazzolla – Horacio Ferrer)

Renaceré en Buenos Aires en otra tarde de Junio,
con estas ganas tremendas de querer y de vivir.
Renaceré fatalmente, será el año tres mil uno
y habrá un domingo de otoño por la plaza San Martín.

Le ladrarán a mi sombra los perritos vagabundos,
con mi modesto equipaje llegaré del Más Allá,
y arrodillado en mi Río de la Plata lindo y sucio,
me amasaré otro incansable corazón de barro y sal.

Y vendrán tres lustrabotas, tres payasos y tres brujos,
mis inmortales compinches gritándome “¡Fuerza, che,
nacé, nacé, dale pibe, metéle hermano, que es duro,
pero muy bueno el oficio de morir y renacer!”

Renaceré, renaceré, renaceré,
y una gran voz extraterrestre me dará
la fuerza antigua y dolorosa de la Fe,
para volver, para creer, para luchar.

Tendré un clavel de otro planeta en el ojal,
porque si nadie ha renacido, ¡yo podré!
Mi Buenos Aires siglo treinta y uno, ya verás:
renaceré, renaceré, ¡renaceré!

Renaceré de las cosas que he querido mucho, mucho,
cuando los dioses digan bajito “Volvió…”
Yo besaré la memoria de tus ojos taciturnos,
para seguirte el poema que a medio hacer me quedó.

Renaceré de las frutas de un mercado con laburo,
y de la mugre serena de un romántico café,
de un sideral subterráneo Plaza de Mayo a Saturno
y de una bronca de obreros por el sur renaceré.

Pero verás que renazco en el año tres mil uno,
y con muchachos y chicas que no han sido y que serán,
bendeciremos la tierra, tierra nuestra, y te lo juro
que a Buenos Aires de nuevo nos pondremos a fundar.

Renaceré, renaceré, renaceré,
y una gran voz extraterrestre me dará
la fuerza antigua y dolorosa de la Fe,
para volver, para crecer, para luchar.

Traeré un clavel de otro planeta en el ojal,
porque si nadie ha renacido ¡yo podré!
Ciudad del siglo treinta y uno, ya verás:
renaceré, renaceré, ¡renaceré!

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